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El payador perseguido (Tercera parte)

Autor: Atahualpa Yupanqui

Debido a la extensión de El payador perseguido, la obra ha sido dividida en nueve partes para que no demore tanto en cargarse cuando la conexión es lenta, no tanto por el texto sino por el audio, que dura casi 42 minutos. También resulta más cómoda la lectura, pues no es lo mismo desplazarse cuatro pantallas hacia abajo que cuarenta. Para no quitarle continuidad, la división de El payador perseguido se hizo tratando de que los cortes se produzcan donde comienza un canto o un recitado, o cuando hay pausas con un solo de guitarra, que de por sí indican un intervalo dentro de la obra.


Era un consuelo pa'l pobre andar jediendo a vinacho. Hombres grandes y muchachos como malditos en vida, esclavos de la bebida se lo pasaban borrachos. ¡Tristes domingos del surco los que yo he visto y vivido! Desparramaos y dormidos en la arena amanecían, a lo mejor soñarían con la muerte o el olvido. Riojanos y santiagueños, salteños y tucumanos, con el machete en la mano volteaban cañas maduras, pasando sus amarguras y aguantando como hermanos. ¡Rancho techao con maloja, vivienda del pelador! En medio de ese rigor no faltaba una vihuela, con que el pobre se consuela cantando coplas del amor. Yo también, que dende chango unido al canto crecí, más de un barato pedí y pa' los piones cantaba. ¡Lo que a ellos les pasaba también me pasaba a mí! Cuando yo aprendí a cantar armaba con pocos rollos. Y en la orilla de un arroyo bajo las ramas de un sauce, crecí mirando en el cauce mis sueños de pobre criollo. Cuando sentí una alegría; cuando el dolor me golpió; cuando una duda mordió mi corazón de paisano, desde el fondo de los llanos vino un canto y me curó. En esos tiempos pasaban cosas que ya no pasan. Cada cual tenía un cantar o copla de anochecida. Formas de curar la herida que sangra en el trajinar. Algunos cantaban bien. Otros, pobres, más o menos. Mas no eran cantos ajenos, aunque marca no tenían. Y todos se entretenían guitarreando hasta el desvelo. Por áhi se allegaba un máistro, de esos puebleros letraos; juntaba tropa e versiaos que iban después a un libraco, y el hombre forraba el saco con lo que otros han pensao. Los piones formaban versos con sus antiguos dolores. Después vienen los señores con un cuaderno en la mano, copian el canto paisano y presumen de escritores. El criollo cuida su flete, su guitarra y su mujer; siente que enfrenta un deber cada vez que da la mano, y aunque pa' todo es baquiano sólo el canto ha de perder. ¡Coplas que lo acompañaron en los quebradas desiertas, aromas de flores muertas y de patriadas vividas, fueron la luz encendida para sus noches despiertas! Se aflije si se le pierde un bozal, un maneador, pero no siente furor si al escucharle una trova, viene un pueblero y le roba su mejor canto de amor.

Letras y Acordes clasificados por Ritmo o Estilo

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